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martes, 12 de noviembre de 2013

¿ROTACIÓN O MERITOCRACIA?


A nuestro juicio, el diccionario de la RAE no recoge con exactitud en qué se convierte el entrenador de un colectivo de fútbol o de cualquier modalidad deportiva. Debería añadir en el concepto general que acaba siendo a veces un padre espiritual del grupo y, siempre, un administrador de egos que han de unirse en pos de un objetivo. El técnico y su equipo de trabajo son gestores de una idea e impulsores anímicos de ella. Porque la teoría de su labor se realiza con muñecos pintados en una pizarra; la realidad, sin embargo, es el campo de batalla. Y ahí su influencia es condicional.

Nunca uno mejor que el del 92. Hay, entrenadores y entrenadores, ideas e ideas y todo tipo de jugadores. Pero no ha habido en la historia del deporte mundial un equipo como el que Estados Unidos fabricó en 1992 para recuperar la hegemonía olímpica de su deporte patrio: el baloncesto. Le correspondió a Chuck Daly ser el técnico jefe de coordinar aquella amalgama de fenomenales baloncestistas, extraordinarios en todas las facetas del juego y líderes en sus respectivos clubes; eran acróbatas, malabaristas, atletas, ... y, entre ellos, un ilusionista. Ese conjunto empleó doce partidos en Badalona para la reconquista del oro olímpico y Daly utilizó como herramienta de trabajo el mantener a los once magníficos la condición de números uno, de mejor entre los mejores, de imprescindibles e ídolos planetarios. A todos, salvo el caso excepcional del novato universitario Christian Laettner, el duodécimo invitado que aún no se sabe cuál era su rol en aquel Dream Team.

Daly hizo todo tipo de concesiones y fue el entrenador que mejor ha sabido usar las rotaciones para mantener la llama del mejor equipo de todos los tiempos. Actuaba con ventaja con respecto a sus colegas: Podría formar cualquier combinación de quintetos con resultados impecables. Daba igual que Magic Johnson funcionara como base, escolta, alero o pivot; que Jordan diera la asistencia a Drexler o viceversa. Que jugara Mullin, Bird, Pippen, Malone o Barkley. Se divertían y dominaban con amplitud frente a defensas zonales, mixtas e individuales. Que unos fueran iniciales y otros reservas en las salidas de pista o al término de los partidos. Porque, además, el baloncesto consiste precisamente en rotar, variar cuantas veces quisiera por decisión del técnico. Bajaron los del Dream Team de una galaxia para deleitar a los humanos que fueron a verles. Consiguieron todos sus objetivos; también el entrenador.

Circunstancias excepcionales. Aquellos egos siempre recibieron sobredosis afectiva por parte del jefe del banquillo; sin fisuras. Chuck Daly, que había llevado antes a Detroit Pistons a la gloria NBA, había alcanzado una cima superior sin apenas romperse la cabeza. Fue, en realidad, juez de paz y aún así hubo de equilibrar protagonismos midiendo bien cada centímetro en el parqué de sus actores. Y soportar algún ataque de otras estrellas de idéntico nivel que no recibieron el beneficio de la elección para estar en el grupo. Sin embargo, no fue capaz aquel equipo de ensueño de levantar debate alguno. Sus circunstancias fueron tan excepcionales como lo eran los propios protagonistas.
Pero, ¿el concepto rotación está al alcance de todos los colectivos?. Esa palabra la ha puesto en práctica aquí mismo hace unas semanas Sergio Lobera. Se refiere a la combinación de tres elementos unidos de dos en dos, que es la probeta de tal medida; aunque por inercia esa actuación genera expectativas en las demás posiciones titulares en la UD Las Palmas. Porque se produce en un equipo donde, en quince encuentros, no se han enlazado dos formaciones titulares consecutivas.

Estamos ante un creciente debate que alimenta dentro y fuera resultados como los del pasado fin de semana en Alicante: ¿qué es mejor en el fútbol, la rotación o la meritocracia?. En cualquier caso, la aplicación de ambos conceptos es subjetiva, porque depende en exclusiva de las valoraciones del entrenador. Lobera no es Daly, Las Palmas no es el Dream Team ni el fútbol ofrece la posibilidad de rotar piezas en una misma batalla con tanta carta blanca como lo hace el baloncesto.

Una espoleta. La rotación, aplicada así, ofrece una tendencia al descontento de más de uno. Cuestiona el mismo concepto de la competencia entre los profesionales. Es una espoleta fuera; posiblemente también en el seno del colectivo. Porque las expectativas de otros jugadores en órbita se amplían, también la seguridad de los que esperan ser rotados al banquillo. Y, en suma, correría el riesgo de sufrir temblores la verticalidad de las decisiones del propio entrenador. La rotación en un deporte donde sólo once son protagonistas, donde tres más pueden acceder al escenario de forma parcial y otros siete no tienen un papel, es un concepto que tiene muchas aristas para mantener compacto el grupo con tantos y tan poderosos egos.

También el diccionario debería matizar la definición sobre un equipo de fútbol en general: una alineación que se recita de memoria, un banquillo con siete en estado de alerta y un grupo de 'enfadados' viendo el partido tras la barrera.

La frase sencilla de Sergio Kresic, aplicada en grado extremo, encuentra a nuestro juicio una puerta de salida en cinco palabras: "Los domingos juegan los mejores".

lunes, 7 de octubre de 2013

MÁLAGA CONNECTION


Habló Sergio Lobera en vísperas al encuentro del sábado frente al Córdoba que localizaba varias razones para entender por qué Las Palmas mantenía una regularidad en los dos primeros de competición oficial. Entre ellas, el hecho de que algunos de los jugadores "están aún en pretemporada", dijo en dirección a los últimos fichajes. Ellos, Aranda y Apoño, son sin embargo los que le han pintado la cara a la UD Las Palmas en el mes de septiembre, desde el arribo al proyecto junto al iraní Masoud.

El trío debutó en Copa el 11 de septiembre frente al Sabadell (1-3) y con la sociedad malagueña Apoño-Aranda en el campo todavía la UD Las Palmas no conoce otro signo que la victoria. Porque también fueron partícipes conjuntamente del 1-0 al Jaén y del 2-0 al Córdoba. Además, Apoño también fue pieza angular en el 0-2 en Girona. En su caso, cuatro encuentros, cuatro victorias. Masoud, en cambio, ha participado todos los minutos desde su llegada a la isla por lo que también vivió en sus carnes la debacle de Lugo (3-0).

La conexión malagueña en el equipo grancanario ha dado sus frutos en grado máximo. Se ha analizado en abundancia la personalidad de Apoño, sus dotes de mando en el campo, la personalidad que imprime al resto del equipo. Con Aranda en el terreno de juego, Las Palmas también modifica su estilo. El ariete andaluz altera los conceptos generales del equipo en relación a la pasada temporada cuando Thievy, el delantero más avanzado, entendía el fútbol en vertical. Aranda lo hace muchas veces jugando de espaldas a los defensas, porque tiene la virtud de proteger el cuero con su cuerpo y distribuirlo. El fútbol amarillo con él exige más combinación, menos rapidez en cambio para pisar el área.

Sin embargo, el 1-0 al Córdoba es una obra de relojería en la que intervino en combinación con Masoud. Bastaron tres contactos con el balón para desarmar al mejor equipo defensivo de la categoría hasta entonces. El esférico viajó treinta metros desde las botas del iraní, buscando al espacio libre. Aranda se mezcló entre los centrales Bernardo y Fran para crearle un instante de confusión. Contactó con la derecha primero y remató con la zurda.

La máxima se cumple porque la reacción, de momento, lleva la firma de Málaga Connection ... y de Masoud.

martes, 1 de octubre de 2013

UN CATÁLOGO DE HORRORES


Dos jornadas después de victorias consecutivas que iluminaron el camino y la UD rescata en Lugo el catálogo de horrores, aquel que hizo titubear sobre la trayectoria del actual proyecto. El equipo amarillo sufrió un naufragio en todos los aspectos del juego y resucitó peligrosos defectos, que le hicieron conocer la más dura derrota de la campaña:

Fragilidad defensiva. La descoordinación en la retaguardia fue nota común desde el inicio del partido. Pablo Sánchez penetró en el área a los cinco minutos y pudo ser objeto de penalti en la primera llegada del Lugo. Lejos de cerrar huecos, Las Palmas se desarboló ante el juego combinativo de los gallegos, con el mismo Sánchez en la jefatura de sus operaciones. Con robo y triangulaciones llegaron los dos primeros tantos, que sentenciaron con prontitud el partido. El tercero, para completar la gama de desaciertos, en una jugada de corner con doble remate del mismo protagonista.

Fracasa otra vez el doble pivote. Nombrar a Apoño en el pospartido es la peor señal. La ausencia del malagueño, que se había hecho un hueco en el once casi en solitario para abastecer el centro del campo, fue evidente. El doble pivote utilizado en otras jornadas volvió a fracasar. Lobera lo rompió en apenas media hora de imprecisiones, desbordados por la claridad de ideas del conjunto local. El sacrificado fue Javi Castellano.

Individualidades irreconocibles. Los jugadores importantes del equipo no ofrecieron lo mejor de sí en el encuentro. Valerón se perdió entre la multitud, sus pases no resultaron determinantes. Masoud coordinó alguna acción en los instantes finales pero sin continuidad. Mayor se perdió en la espesura defensiva del Lugo, mientras Asdrúbal se desgastó en una batalla perdida ante rivales siempre bien escalonados. Lo mejor de la UD llegó en los avances y centros de Xabi Castillo, pero sin remates. Los miembros del equipo, en general, no eran reconocible a título individual.

Frágil presión. Lobera manejó en sus declaraciones una de las claves. Dijo que no quería hablar exclusivamente de actitud como una de las causas de la derrota. No la justificó pero sí la enumeró entre los defectos apreciados en el partido. Sus jugadores parecieron no estar convencidos en la manera de atacar las iniciativas lucenses. La presión de los amarillos fue inconstante y débil. No tuvo capacidad de empezar sus jugadas a raíz de un robo, una de las llaves del éxito en la pasada temporada.

¿Qué hacer con el balón?. Es un argumento que se reitera. Cuando Las Palmas construía, el Lugo no tenía dificultad en edificar sus defensas sin sentir peligro. El balón en la posesión grancanaria transitaba con lentitud y sin profundidad. La acción que rompió la norma acabó en gol con pase profundo a Delev. El búlgaro arrancó en situación reglamentaria pero el gol fue anulado. Hasta en ese detalle la tarde estaba cargada de negatividad.